lunes, 3 de junio de 2013

TURQUÍA DE PIE: LA SONRISA DE NAZIM...



ANGINA DE PECHO

La mitad de mi corazón está aquí, doctor,
Pero la otra mitad se encuentra en China,
En el ejército que baja hacia el río Amarillo.
Cada mañana,
Cada mañana con el alba,
Mi corazón es fusilado en Grecia.
Y cuando el sueño rinde a los presos,
Cuando se alejan de la enfermería los pasos últimos,
Mi corazón se va, doctor,
Se va hacia una vieja casa de madera, en Estambul.
Además, doctor, hace más de diez años
Que no tengo nada en mis manos
Para ofrecer a mis hermanos;
Tan sólo una manzana,
Una roja manzana: mi corazón.
Por todas estas cosas, doctor,
Y no por culpa de la arteriosclerosis,
Ni de la nicotina, ni de la cárcel,
Tengo esta angina de pecho.
Desde mi cama
Contemplo la noche tras de los barrotes.
Y a pesar de todos estos muros
Que me aplastan el pecho,
Mi corazón palpita con la estrella más lejana.

La obra del poeta turco Nâzim Hikmet ha sido estudiada por miles de críticos literarios, llorada por infinidad de poetas y amantes de la literatura, y censurada también por no pocos intolerantes y envidiosos de su actitud humana o poética (en Hikmet, Vida y Obra son entonces inseparables).
Aunque Nâzim Hikmet, en verdad, nació en Salónica en noviembre de 1901. Murió en Moscú en 1963 de un ataque al corazón.
Durante sesenta años, Nâzim Hikmet vivió abismado en una periódica odisea de injustos encarcelamientos, ahogadores de sus proclamaciones comunistas -caracterizadas naturalmente por un deseo de igualdad social. Así, Hikmet compuso gran parte de su obra asediado por la pétrea vigilancia de tiranos muros; en auxilio del derrumbamiento de su inclemencia, retumbaron de esta guisa las protestas de muchos intelectuales y artistas, tales como Picasso, Neruda, Sartre, Aragon...
Mas los instantes que este poeta turco vivió en libertad tradujéronse como meros ecos de su encarcelamiento: perseguido y vigilado constantemente por un Gobierno turco que desprecia el bienestar humano, Nâzim Hikmet vióse obligado a exiliarse a Rusia, Polonia (donde se nacionalizó a principios de los cincuenta alegando la ascendencia polaca de su abuelo) y otros países europeos.
En el exilio escribió poesía, teatro, guiones cinematográficos, y sobre todo, luchó por la Justicia, pregonándola por todo el mundo en calidad de administrador del Consejo de la Paz Mundial.
En 1950 fue galardonado con el Premio de la Paz que ese Consejo concedía, y aproximadamente una década después, en Cuba, él mismo otorgará semejante premio a Fidel Castro.

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